Mostrando entradas con la etiqueta Vida cotidiana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vida cotidiana. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de septiembre de 2022

Joan Baldoví, el valenciano, racismo y el tema de la expulsión de los moriscos.

 Joan Baldoví es un político que, cada cierto tiempo, aparece en los medios de comunicación con sus declaraciones y reflexiones. En los últimos días ha sido noticia por la defensa de una medida polémica: la expulsión de su puesto de trabajo de una profesora de música con treinta y cinco años de experiencia porque no tiene la acreditación lingüística en valenciano.

Sus palabras me han recordado automáticamente al interesante y muy didáctico tema de la expulsión de los moriscos, en las dos primeras décadas del siglo XVII. Uno de los "problemas" que encontraban algunas autoridades y otras personas era precisamente que no hablaban español o, peor aún, que conservaban su lengua y su cultura. Curioso porque este político va de progresista, pero, además, siendo valenciano de nacimiento y habiendo sido Valencia el reino en el que empezó la expulsión y dónde tantos miles de familias fueron obligadas al destierro parecería que debería manifestar otro talante.

Habla de amor a la tierra...No sé, para mí el amor a la tierra es otra cosa muy diferente. Me pregunto qué diría si desde otros partidos políticos se propusiera expulsar de sus trabajos a los extranjeros que llevan aquí determinado número de años, aunque fueran treinta y cinco y no hablan español, o valenciano, o catalán, o vasco o gallego...

¡Palabras huecas! Osea, ¡racismo!

sábado, 18 de diciembre de 2021

Del árbol caído -el rey emérito- Revilla hace buena leña.

 Yo era un adolescente cuando aprendí de un compañero de 8º de EGB lo que significaba eso de hacer leña del árbol caído. Hizo una exposición brillante y se me quedó grabado.

Ahora, cuando veo a los aduladores de ayer, por no utilizar otros vocablos más soeces y cotidianos, haciendo leña a destajo, pienso en lo tornadizos que somos, en general.

Veamos. Libros y documentos que criticaban con datos muy sólidos al rey emérito Juan Carlos I los conozco yo, que nunca me he preocupado especialmente de este tema, al menos desde 1999. Estoy hablando de un libro del periodista Luis Cacho. En fin, más de veinte años después, es decir, más de veinte años después de mirar para otro lado y de no querer saber o decir lo que se sabía, llega el momento de la crítica feroz. Y digo feroz porque -independientemente de que sea merecida-no se aplica, sospechosamente, esa energía y esa contundencia hacia otras personas de la escena política, empresarial, pública o privada.

Un presidente de una comunidad autónoma tan mediático y hasta histriónico debe saber mucho más que yo, maestro de escuela y aprendiz perpetuo. Recuerdo sus elogios y hasta sus bufonadas hacia el rey. Ahora, todo lo que de positivo pueda haber, se ignora. Se enfatiza lo negativo sin consideración alguna.

-Paco, ¿no estarás defendiendo el delito?

-No, estoy defendiendo otra cosa, aunque creo que no lo voy a saber explicar.

-Es que, vaya tela, fíjate, ¡es tremendo!

-Sí, sí, claro.

Podría ser un breve intercambio de impresiones.

Dice Revilla que una persona que hablaba en los momentos más importantes del año y que decía que hay que cumplir las normas y tal y cual...Pero, si nos paramos a pensar en el largo listado de políticos, empresarios, artistas y demás que han sido objeto de investigación, de juicio y hasta de cárcel, veremos que ya es difícil recordar cuántos y cuan variados y variadas son. Pero, ¿cuánto se les ha criticado?. Y ahora, si esas personas, u otras, o nosotros mismos, hubiésemos habitado entre esas paredes palaciegas ¿qué habríamos hecho? ¿No estaremos viendo la paja, aunque sea presumiblemente grande, en el ojo ajeno y obviando la viga en el propio?

Yo prefiero no tener amigos, conocidos o admiradores como Revilla y tantos otros. 



martes, 27 de abril de 2021

¡Demasiado revuelo por unos anónimos y una navaja!

 Sí, definitivamente, y sin paliativos, el que estas palabras escribe, está totalmente en contra de cualquier tipo de violencia y de amenazas. Sin embargo no entiendo qué tipo de políticos prefieren hablar de algo tan, lamentablemente, cotidiano, como unas amenazas por carta, anónimas, en lugar de ceñirse a sus obligaciones presentes y, sobre todo, futuras. Ya se ha dicho hasta la saciedad quiénes eran los culpables, e incluso, los responsables: determinado partido político al que se identifica con el fascismo. No había pruebas pero se insinuaba o afirmaba abiertamente que ese grupo estaba detrás. 

Cuando se descubre que uno de esos envíos tan desafortunados e improcedentes provienen de una persona con problemas mentales, se argumenta que en realidad son el fruto de unas semillas previamente plantadas. Curiosa explicación de esa actitud delictiva. Ya se ha trazado la trayectoria completa, la genealogía, de unas formas concretas de hacer política...

¿No será que, a falta de argumentos sólidos, de un discurso bien elaborado con datos fiables, creíbles y proyectos, se recurre a estas estrategias de distracción? ¿No es añadir más leña al fuego? ¿No se producen, a diario, amenazas, por desgracia? 

A mí, sin ir más lejos, el verano pasado, un agricultor de Villarrubia de los Ojos me amenazó con un tractor, arremetiendo a toda velocidad contra mí, dentro de una finca de mi propiedad, frenando de golpe y quedándose a escasos cinco centímetros de mi cuerpo. La Guardia Civil, es decir, un cabo y un guardia, cuando llegaron, no me hicieron ni caso. Lo peor es que la jueza de Daimiel, tampoco. Archivó mi denuncia. Eso es más grave que el envío de una navaja con sangre en una carta. Pero, me alejo un poco en el tiempo. En Navas de Estena tirotearon la casa del alcalde, de noche, mientras dormía con su familia. No pasó nada. Claro, era de Izquierda Unida. Hace poco le prendieron fuego a los exteriores de la casa rural que tiene...Tampoco pasa nada.

Como decía, amenazas, por desgracia, se producen a diario. Hay quiénes tienen una seguridad extraordinaria, de manera que no parece que haya que darle tanta importancia. ¿Lo estoy justificando o legitimando? De ninguna manera. ¿Lo estoy normalizando? Falso.

Contaré otro caso. Acaban los procesos selectivos para el acceso al Cuerpo de Maestros. A algunos miembros de un tribunal les llega una carta sin remitente. Son amenazas de muerte. Les dicen que, lógicamente, tienen sus direcciones. A una de las profesoras, embarazada de casi ocho meses, le dicen que le van a pegar una patada en la barriga para que aborte. A otro, que lo van a matar...Nada, no pasa nada. El entonces delegado provincial en funciones, concretamente, el secretario general, no hace nada. Casi se podría decir que ni se inmutó. Se interpusieron denuncias. Nada. Se sabía quién había sido pero...

Yo creo que habría que serenarse, respirar profundo, pensar en lo que verdaderamente importa a las personas para estos cuatro años y dejar de insultarse y descalificarse unos a otros.

Y, por supuesto, investíguese y persígase a los culpables y a los responsables, pero que haya un juicio justo y no un aluvión de acusaciones en falso y de justificaciones sin sentido.

Y, como decía al principio ¿cómo no voy a empatizar con las personas que han sufrido amenazas, si las he sufrido en mis carnes? 

Por último, sería curioso que los políticos hablaran abiertamente de este oscuro tema de las amenazas. Los políticos y quiénes no lo son. Podrían hablar los policías, los jueces y todas las personas, hombres y mujeres que las vienen sufriendo, más o menos en silencio. Quizás entonces merecería la pena que los ministros y ministras y la clase política y judicial hablaran en voz alta y clara, preferiblemente, en período no electoral.

Se cazan más moscas con miel que con hiel, dice un refrán español.

 Se cazan más moscas con miel que con hiel, dice un refrán español. Pienso que es aplicable a lo que está pasando en la política española, en particular en lo concerniente a las elecciones municipales de la Comunidad de Madrid. 

El uso de palabras tan fuertes como "odio", "delito" y similares no está, a mi modesto entender, justificado y puede suponer que se generen efectos negativos añadidos.

La instalación de unos carteles de grandes dimensiones sobre el supuesto coste del mantenimiento de los llamados "menas", menores no acompañados, y la retahíla de críticas, comentarios y acusaciones de todo tipo van en esa dirección. No me parece adecuada dicha forma de hacer política pero tampoco el enfoque y las maneras de rebatirla.


viernes, 23 de abril de 2021

La maillotización, una moda que se está implantando rápidamente...

 La maillotización, vaya palabro, podría ser definida como la utilización de prendas de vestir elásticas, muy ceñidas al cuerpo, especialmente como pantalones. Parece ser que se ha extendido mucho su uso en los últimos años, coincidiendo con un período económico de crisis económica y laboral y de proliferación del deporte también entre las mujeres.

De un tiempo a esta parte, al salir una tarde de paseo, a trabajar, a pasear al perro (otra moda generalizada bastante reciente), de compras o a tomar algo, lo que podemos ver es a un número creciente de hombres y mujeres que van y vienen con esos atuendos, supongo que deportivos. ¿Qué tienen de particular? Pues nada, que son sintéticos, que son elásticos, que se ajustan al cuerpo de manera muy precisa, que predominan los negros con coloraciones bastante llamativas, con aspecto brillante...y nada más.

Al tacto son suaves, como deslizantes. Parece que son cómodos, ligeros, agradables de llevar...Personalmente no les encuentro ningún atractivo pero, lógicamente, nada tengo que objetar. 

sábado, 2 de enero de 2021

Recuerdos de infancia, adolescencia y juventud, 4: Los despachos de vino.

 Cuando yo era pequeño, en mi pueblo, había varios despachos de vino. Eran establecimientos con una disposición de mobiliario y decoración prácticamente nula. Se vendía vino a granel y, en algunos, se podía beber allí. Lo que más abundaba y se vendía era vino blanco en rama, es decir, del año. El precio era extraordinariamente bajo. Si no recuerdo mal, también había otras bebidas, tipo licor, pero tendría que preguntar a algunas personas mayores.

Justo enfrente de mi casa, unos metros más abajo, había uno, el de Rafael Villegas (aunque quizás fuera de su esposa, Mari Paz Díaz. Había otro cerca, el del Espartero. 

Lo que mejor recuerdo era ese olor tan fuerte a vino, tan característico. El término "despacho" se usaba bastante, así como "despachar" o "espachar" /ehpachar/. Era típico llegar a una tienda u otros establecimientos y decir, para que salieran a atenderte: ¡a ehpachar!

Estoy hablando de los últimos años sesenta del siglo XX y los primeros setenta.

Recuerdos de infancia, adolescencia y juventud, 3: Timidez hasta en los exámenes de Matemáticas.

Yo era muy tímido. No me he considerado nunca un chico listo, como se solía decir. Y no era, ni el primero (ni en segundo, tercero, cuarto...) de mi clase -nunca lo he sido-, ni muy estudioso, ni lo que se suele denominar "empollón". Cuando llegué al internado de Madrid, el Real Colegio de san Fernando de los padres escolapios, esa timidez se vió multiplicada considerablemente. Me sentía diferente en todo, y, especialmente, en mi forma de hablar. Me daba corte y mis compañeros de clase, unos cuarenta y siete o cuarenta y ocho, me miraban con sorpresa. Alguno me decía que yo tenía acento andaluz. Era nuevo y, salvo otro alumno de mi pueblo un poco mayor que yo, Pedro (1), de Villarrubia de los Ojos, yo no conocía a nadie en aquel centro de unos dos mil alumnos.
Cuando empezamos las clases, aquel 19 de septiembre de 1972, mi sensación era de extraordianria soledad. Yo no quería, bajo ningún concepto, sobresalir ni destacar. En unos exámenes de Matemáticas hice unos ejercicios complicados con lo que llamábamos "quebrados", es decir, fracciones. Cuando ya los tenía, me parecía que era todo demasiado complicado y los borré. Mi profesor, el muy buen profesor don Víctor, detectó algo extraño. En la segunda ocasión, sencillamente, ya no  quise resolver las mismas operaciones, por esa timidez atroz. Así, podría contar otras anécdotas de mi vida. Lo cierto es que lo fui superando, espero, poco a poco. Ahora, cuando lo recuerdo, me sorprendo enormemente.
Después, como maestro, a veces he detectado algunas situaciones parecidas y he intentado darles el tratamiento adecuado.
(1) No aporto sus apellidos ya que hace muchos años que no lo veo y no quiero hacerlo, sin su consentimiento.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Recuerdos de infancia, adolescencia y juventud. Los bocadillos de tortilla con cebolla de Grao.

 Han pasado casi cincuenta años. Quizás este breve relato no se entienda por nadie o, quizás, por muy muy pocas personas. Pero me da un poco igual. Yo siento la necesidad de contarlo. Hoy, en el cine, de pronto me he acordado de una anécdota de mi infancia. Yo tenía diez años. Era uno de los más de doscientos alumnos internos de un colegio escolapio de Madrid. Los lunes tenían una mezcla de duros y reconfortantes. No sé si lo sabré expresar en su justa dimensión y con la profundidad que suponía para mí. El lunes era la vuelta a la rutina, a la normalidad muy entrecomillable. Es decir, a la normalidad dentro de toda una excepcionalidad que nos había sobrevenido de una forma un tanto repentina. El lunes era otra vez el madrugón con esa música que se me clavaba y me hacía sentir mi soledad más profundamente que en ningún otro momento. Todavía hoy, al pensar en aquellos momentos me emociono y afloran las lágrimas, que consigo contener, como entonces.

La música que más me dolía era la del cóndor pasa, pero no estoy seguro del todo. Quizás fuera una sintonía radiofónica del momento. Era 1972. Lo cierto es que había algo de alivio también porque suponía una semana menos, porque veíamos a nuestros compañeros de clase y a  nuestros profesores. Además, volvíamos a vera los internos que se habían ido de fin de semana. Era también un sentimiento poliédrico y contradictorio. Pero bueno, el recreo era ya el momento estelar. Allí apenas si recuerdo a un interno que se iba casi todos los fines de semana. Era del norte y tenía a algún familiar en el extranjero. Aparecía con un bocadillo de tortilla de patatas impresionante. Era sencillamente espectacular. Grande, jugoso y con un grosor nada común. Alguna vez me lo dió a probar. Para mí fue una experiencia confusa. A pesar de mi apetito y mis muchas ganas aquella tortilla era diferente a la que yo había probado. Tenía un sabor que me resultaba muy raro, casi como picante, pero no era eso. Me dijeron que era la cebolla. Para mí, con esa edad, algo incomprensible. ¿Existían bocadillos de tortilla de patata con cebolla? Evidentemente la respuesta era afirmativa, ante mi confusión. Grao se comía su bocadillo cada lunes como si fuera un trofeo que otros no habíamos conseguido. A veces compartía un bocao, pero poco más. A mí, ese sabor, me disgustaba. Años más tarde, cuando empecé a cogerle el gustillo a esa forma de hacer la tortilla, me venía a la cabeza aquellos tiempos mágicos, preciosos y atroces. Después empecé a cocinar y la cebolla ya estaba presente en casi todas mis comidas. Hice tortillas casi por devoción. Las hice de todos los tamaños, grosores y sabores. Las hice como peculiar forma de despedir el año escolar cada mes de diciembre, con mi alumnado y mis compañeros y compañeras de colegio.

Cada cierto tiempo recuerdo aquellos impresionates bocadillos de Grao, un chico que se iba casi todos los fines de semana.

Tortillas de patata sin cebolla hechas en un campamento de verano.


miércoles, 18 de noviembre de 2020

Relatillos de espinas y guiños, 1. ¿A qué hora comían los señoritos?

 Hace ya más de treinta años. Son las tres del medio día. Un joven llega al bar de costumbre. Ha quedado con sus amigos para salir a dar una vuelta al campo. Casi seguro que irán a ver pájaros, sin desdeñar cualquier otro ser vivo, material inerte, paisaje, fenómeno natural o pieza del patrimono. Allí hay todavía algunos conocidos y amigos que están terminando ya las cañas. 

Uno de ellos, que ya se iba, dice:

-Me voy a comer, que ya es hora. Bueno, los señoritos es que coméis a las tres, es verdad, oye, tenéis esa costumbre. El recién llegado se queda un poco sorprendido y sólo añade:

-Yo ya he comido, vengo a tomer café.

Un tercero, quitando hierro a la embarazosa y torpe situación creada, cambia de tema. Pero el joven que ya se iba vuelve a terciar con alguna tontería improcedente. Recibe una respuesta bastante precisa por parte de su compañero de cañas.

-Bueno, a veces, cuando hablamos, demostramos que nos falta un hervor, o que ya estamos en nuestro punto.

Un rato más tarde, ya sin la presencia de tan agudo comentarista, calificador y clasificador de personas y conductas, alguien añade:

-Lo de las horas de comer, en realidad, tiene mucho que ver con los trabajos. Sin ir más lejos, el camarero que nos está sirviendo debe estar deseando de tener un rato libre para poder comer, en la cocina, con un ojo puesto en la barra, como todos los días. Los albañiles comen a la una, aquí en el pueblo, y vuelven a las tres al corte. Los de los bancos y los funcionarios, cuando salen, a las tres y pico...

Ignominia y mentiras del presidente de la Diputación Provincial de Ciudad Real, José Manuel Caballero.

  Seré breve, como requiere la situación. Las palabras del presidente de la Diputación Provincial de Ciudad Real, José Manuel Caballero con motivo de la instalación de una placa con los nombres y apellidos de los fusilados en la posguerra en el cementerio de Piedrabuena, Ciudad Real, son, sencillamente, ignominiosas y, sobre todo, falsas. 

Siento verdadera vergüenza de lo que dijo y espero que pueda rectificar. Por cierto, es justo lo que nos hacía falta, en plena pandemia, ¿esas son las prioridades del PSOE en momentos tan difíciles?

No merece la pena entrar en detalles, ante la burda mentira. Pienso, sobre todo, en las familias de los asesinados en 1936, cuya memoria se quiere borrar y hasta prohibir y perseguir, y cómo con la nueva ley que prepara el gobierno, con la curiosa denominación de "Memoria Democrática" todo será precisamente eso, una gigantesca mentira.


Pintada en Ciudad Real, hace unos años. No me extrañaría que por publicar esta imagen me puedan denunciar, atacar, o procesar.

sábado, 27 de junio de 2020

Esa sopa tan común llamada envidia.

La envidia es un sentimiento humano. Desde pequeños aprendemos a reconocerla fuera y dentro. A veces, muchas veces, no da la cara, no se manifiesta, no se ve con facilidad. En dosis muy muy pequeñas, supongo que es no sólo normal sino hasta aconsejable. Pero la verdad es que la envidia existe. Se puede pensar que no, habida cuenta de la escasa atención que se le presta. No se estudia, por ejemplo, con la intensidad y objetividad necesarias. Curioso si lo comparamos con tantas áreas, asignaturas, contenidos, competencias, conceptos o temas. No hay un delito ni una falta que la configure o delimite. ¿Se habla de ella? Creo que mayoritariamente en el ámbito privado pero a veces salta al escenario público. Pero lo cierto es que se ha dicho que la envidia era o es el gran pecado, la gran falta o defecto de los españoles. Y no menos cierto es que se trata de una sopa muy común, de una suerte de charco muy extenso, un lago de profundidad desconocida y de características poco visibles. 
Pero, si se presta atención, antes o después, la envidia aparece, asoma con su forma de lengua bífida, de mirada de reojo, de hacer el vacío, de dar de lado, de ninguneo, de no hacer aprecio, de soltar frescas, o nada frescas, de contar algo al cabo de los años, de soltarlo en un estado de embriaguez, de entusiasmo, de miedo, de nerviosismo o en un simple ataque de sinceridad. A veces la envidia dibuja acciones absurdas, pero se expresa, porque no puede estar siempre oculta, o eso se cree.
Pienso, quizás porque no he leído lo suficiente, que en nuestra Literatura, es decir en la Literatura Española, aparece mucho menos de lo que le correspondería. Dejando de lado esta elucubración sobre algo que desconozco, sí me parece que este importante sentimiento humano es considerado como tabú. Mejor no hablar del tema. Pero lo cierto es que es un verdadero problema para las personas que la sufren, pero también para los que los rodean y, los que, de alguna manera, son el objeto de esa "desviación" de la conducta.
Hay un detalle que puede llamar mucho la atención y es cómo, en ocasiones, puede dar la cara al cabo de  años, de décadas y hasta de muchas décadas. Y, por último, la envidia afecta sorprendentemente incluso a aquellas personas que, de entrada, podría parecer que no tiene lógica que la experimenten. Hay quiénes dicen que es como una especie de vértigo, más acusado cuanto más alto se está. 

sábado, 29 de febrero de 2020

Cuando las formas inadecuadas reflejan el interior.

Una vez una mujer me dijo que no se puede caer bien a todo el mundo y que, en la misma medida, no todo el mundo nos puede o tiene que caer bien. La reflexión se fue haciendo cada vez más concreta, con ejemplos propios y ajenos. Así, surgieron en la conversación los casos de las personas que, dicho de alguna manera, "no saben", es decir, en realidad, por diferentes causas no son capaces de comportarse de una manera, digamos, respetuosa. Por otra parte estaban los que no querían, es decir, las personas que, sabiendo, no se comportan de una forma adecuada. Y la experiencia, el día a día, un mínimo de observación bastan para captar las diferencias. ¿Cómo explicar las grandes diferencias entre unas situaciones y otras de algunas personas y en algunas circunstancias? Así, esas personas que pasan por ser muy simpáticas, muy amables, muy...¿cómo pueden cambiar tanto en segundos?¿cómo se transforman en apenas unos centímetros de distancia? Todo en esta vida parece ser que tiene explicación.
Muchos años más tarde, con motivo del movimiento llamado 15-M un amigo me habló de un concepto que yo no conocía: el atasco o tapón emocional. Me puso algunos ejemplos. Me sirvió para identificar situaciones y vivencias, también propias y ajenas.
Lo cierto es que la híper-actuación y la actitud contraria son buenos indicadores de la realidad. De alguna manera, reflejan el interior, lo dibujan, me atrevería a decir, que con un estilo desgarradoramente hiper-realista.

¡Háztelo mirar!, curiosa expresión enjuiciatoria y ofensiva.

Desde hace un tiempo, no mucho, vengo escuchando la curiosa expresión "¡Háztelo mirar!" con una clara intencionalidad enjuiciatoria. Así, cuando alguien "recomienda" a otra persona que se haga ver determinado supuesto problema, dificultad, defecto, enfermedad, síndrome, carencia...lo que está haciendo es, sencillamente, un juicio de valor muy contundente. La particularidad de la expresión es que se usa para las cuestiones relativas a una cuestionada salud mental. En realidad lo que te dicen con esa aparente inocua expresión es que necesitas la ayuda de un especialista, es decir, un psicólogo o un psiquiatra. Sorprende que la alocución no sea precisamente proferida por facultativos sino por quiénes,  rayando en la falta de respeto y la agresión verbal, dan por sentado esa necesidad. Se podría contestar con alguna fórmula más o menos defensiva, o incluso de similar carga negativa. Desde luego la pregunta del fundamento de la aseveración, de la base, del conocimiento sobre el particular podrían desarticular esa forma nociva de comunicación.
Parece evidente que desde un sentir emocionalmente sano, noble, fiel, respetuoso y educado no procede semejante juicio de valor. El refranero español, tan rico, contiene muchas máximas que podrían servirnos para entender el trasfondo pero también para hipotéticas respuestas.
He hecho una búsqueda rápida en Google y me he encontrado con un breve texto de un canario en el que critica el uso del "háztelo mirar" dado el origen "godo", es decir, peninsular. Penoso, igualmente.

martes, 11 de febrero de 2020

Echar en cara, ¡casi na!

Lo que para algunas personas es algo tan cotidiano que ni reparan en ello para otras supone un verdadero problema. Estoy hablando de esa conducta que denominamos "echar en cara" y que se puede denominar de diferentes maneras, con sus correspondientes matices, tonos, gesticulaciones, caras, situaciones...Así, se puede escuchar: reprochar, afear (la conducta), soltar (normalmente, soltarlo, soltarla), dejar caer, restregar ...
Cuando decía que para algunas personas supone un problema me refiero a que, por un lado, les resulta muy violento que les digan algo negativo pero también al hecho de que, por diferentes causas, les cuesta mucho recurrir a esa forma de comunicación que conlleva un cariz negativo, una suerte de ataque frontal que puede no casar bien con determinadas formas de ser, caracteres, costumbres, entornos, convicciones, deseos y hasta ideologías y creencias.
En el otro extremo, precisamente lo contrario. El reproche, en cualquiera de sus formas, como forma cotidiana de relacionarse. Y entre medias, millones y millones de posibilidades que tienen mucho que ver con factores no percibidos en la mayoría de ocasiones como pueden ser el lugar de procedencia, el carácter personal y/o familiar o el aprendizaje vivido (o sufrido,según se mire).
Lo curioso es que no se suele hablar mucho del tema. No suele aparecer ni en la gran pantalla, ni en la mediana ni en las ahora superabunantes y ubicuas, las pequeñas pequeñas, los móviles. En la radio y la prensa tampoco he topado con demasiadas alusiones, aunque quizás sean dos medios más ricos, en general.
Con el tiempo vamos aprendiendo a defendernos y, en la misma medida, más o menos, a "atacar", que puede ser una forma de ataque.
Una vez una joven, en una reunión familiar, tras varias intervenciones en las que se sucedían preguntas sobre cuestiones un tanto personales dijo algo así como: "yo también sé atacar", que me recuerda a otras formas parecidas como: "lo dejamos así o entramos en detalles...de todos".
En una ocasión, una persona que no había cumplido con su obligación y su compromiso profesional, para defenderse, dijo que no iba a permitir que se le afeara la conducta, y justo después inició su particular "repaso" (otro cuasi sinónimo de "echar en cara") a otros presentes, con la particularidad de que esos sí habían cumplido.
Son tantas las modalidades en pro y en contra que resulta difícil sintetizar. Desde luego es muy de agradecer cuando una persona te dice las cosas en su justo momento, con buenas maneras, delante de las personas justas...sin intención de dañar, ridiculizar o señalar. El respeto, la empatía, la cordialidad, lo que llamamos normalmente "educación" son motivos de aprecio y de agradecimiento. Y, en la otra orilla, ya sabemos lo que hay, y, muchas veces, quién o quiénes...
Decía Alfonso Ussía hace unas semanas en uno de esos artículos de La Razón que, como pimientos de Padrón, insultan o non...que un político reveló que hablaba muchos idiomas pero que, sobre todo, se sabía callar en todos ellos. Quizás sea esa una de las mayores virtudes del ser humano.

Continuará...

Continuará...

domingo, 26 de enero de 2020

Trazabilidad de la maledicencia y el falso testimonio.

Algunas veces me he preguntado por el origen de lo que llamamos maledicencia, falso testimonio u otras realidades semejantes. Hoy, curiosamente, para hablar de algo muy semejante se recurre al inglés. Así, se habla a diario de "fake news" o noticias falsas.
Lo cierto es que he detectado, en algunas ocasiones, la fuente de la que provenían algunas falsedades. En otras, me he quedado muy cerca, con algo parecido a una hipótesis con bastante fundamento. Lo cierto es que en demasiadas ocasiones hablamos como si supiéramos, afirmamos incluso acusaciones graves o sencillamente, faltamos a la verdad.

jueves, 16 de enero de 2020

Sobre el concepto "cerrilismo".

Llevo varios días pensando en el concepto "cerrilismo" y en su adjetivo, poco usado hoy en día, "cerril". 
Cuando yo era pequeño nuestros mayores usaban un vocabulario muy rico y expresivo que, a mi juicio, está desapareciendo o, al menos, escaseando. Otras palabras son usadas en su lugar, muchas veces procedentes del inglés. En mi opinión, en términos generales, es un error y, sobre todo, una pérdida, pero el habla evoluciona y cambia, a pesar de la Lengua. Ayer, sin ir más lejos, escuché al cantante Loquillo en la radio, en RNE, con esa impostación intelectual que le caracteriza, hablar de los "luser" ("loosers", supongo). Me pregunto qué tanto por ciento de los oyentes de ese programa conocen el término y si tiene sentido expresarse así. ¿No lo sabe decir de otra manera, él, que va de...? Da igual, cada uno es cómo es.
Sea como fuere, lo cierto es que la palabra cerril es muy necesaria, desafortunadamente, hoy, en 2020. Tras echar un vistazo al diccionario de María Moliner y al de la Real Academia de 1992, me quedo con ganas de profundizar un poco en el trasfondo del significado. Aún corriendo el riesgo de decir auténticas barbaridades.

Así, cerril viene a significar salvaje, no domesticado, brusco, hosco, y, en particular, que no atiende a razones, obstinación ante la evidencia. Pero, lo curioso es que no se debería utilizar el término para designar por igual a la persona que, por diferentes causas, tiene una serie de carencias, problemas o síndromes con la que no presenta esas características. Es decir, si una persona, por no haber recibido la educación necesaria, o por haberla recibido con una orientación más bien negativa, se comporta cerrilmente, se puede comprender y perdonar. Un hombre o mujer con un trastorno del tipo que sea no es igual que quién aparentemente es muy correcto.
Sin embargo, cuando esa persona cerril no presenta esas carencias y su comportamiento obedece al mal humor, al odio, al desprecio, a la inquina, a la negación de lo evidente -porque no se acepta la crítica, porque no se soporta que nos corrijan, multen, enmienden, lleven la contraria, porque no se admiten las diferencias ideológicas, religiosas, sexuales, raciales, económicas, culturales, sociales, locales o nacionales...-entonces, estamos hablando del verdadero, del genuino, del auténtico cerrilismo. Y ese es el que molesta de verdad, el que duele, el que hiere y del que hay que protegerse, sin llegar nunca a ponerse al mismo nivel, pero sí con energía, con fuerza, con la inteligencia emocional que se disponga, con habilidad y con la capacidad de evitarlo, sobre todo, en el futuro.

Si se piensa con calma, hay grados y no es lo mismo que alguien suelte lo que se suele denominar "una coz", ya de por sí preocupante y hasta peligrosa, sobre todo para las personas con sistemas inmunológico-emocionales por debajo de la media, a vivir todo el desarrollo del paroxismo cerril, que se suele retroalimentar, como algunas tormentas.

Ambientes y atmósferas favorables hay y hasta propicias y generadoras de esas actitudes. Lo que suelo denominar "la politiquilla", o la política de mi baldosa, el egoísmo, la falta de empatía, la envidia, el sentimiento exacerbado de clan o grupo, la mediocridad estructuralizante, la autocomplacencia, el apoyo incondicional, el narcisismo en cualquiera de sus formas, los ambientes, en general, muy cerrados sobre sí mismos...suelen generar esas conductas.
Lo cierto es que el cerrilismo existe y cuando se vive de cerca resulta bastante negativo. Y lo eor que se puede hacer ante una manifestación cerril es reír la gracia. 
El ser capaz de escuchar, de leer, de observar, el estar en disposición siempre de aprender, de descubrir, de sorprendernos, el mantener la curiosidad como una luz que nos guía, son verdaderos antídotos contra el cerrilismo. Por cierto, el alcohol y otras sustancias yo las considero, siguiendo el ejemplo de nuestro ejército, no un atenuante sino un agravante. Un amigo me decía hace poco que él no suele beber pero que cuando lo hace se pone cariñoso, más agradable, simpático, y hasta parlanchín...frente a los que se ponen agresivos, maleducados, faltones y demás...incluyendo esa categoría de la que estoy hablando: el cerrilismo.
Y por último, hay quiénes sacan provecho de esas conductas y las inducen, las propician, y me atrevo a decir, que las cultivan...Desconozco si hay vocablos en español para ellos. Me quedo con la idea de que quien siembra vientos recoge tempestades.

domingo, 25 de agosto de 2019

Aquella foto de un lince ...

Años setenta del siglo XX. Un internado religioso. Tiempos difíciles. Tiempos de cambios. Transición. Violencia. Miedo. Inseguridades, muchas, por todas partes. Incertidumbres. Esperanzas, también. Sueños, casi infinitos. Muchos, quizás sólo algunos, cimientos, tiemblan. Terrorismo. Atentados. Represión. Crisis, crisis, crisis...Insultos en cascada. Descalificaciones. Mentiras y verdades que tejen el día a día. Luchas también pacíficas. Silencios. Avances. Retrocesos. Enquistamientos. Engaños. Envidias. Envidia a mansalva. Resentimientos. Olvidos. Perdón, también perdón.
Y en ese tiempo, que parece incierto, atroz y gris, una pequeña foto de apenas cuatro o cinco centímetros de lado, de alguna revista en color no identificada, se convirtió en una ventana abierta a la vida, a la Naturaleza prístina y llena de color. Era la llave que abría la puerta pesada del día a día y conducía a un techo en lo alto de una selva, de un bosque, de una sierra...
Aquella foto era como una batería o un motor capaz de sacar a aquella persona de su tristeza, de su soledad, de sus miedos, de su dolor. Aquella foto de un lince, de apenas unos centímetros de lado...¡era en realidad tan grande!¡Era tan, tan profunda!¡Significaba, sobre todo, el futuro, que se abría frente al horizonte cercano, oscuro y casi indivisable! ¡Era la paz interior rodeada de trincheras y armaduras! Aquella pequeña foto de un lince era un camino placentero e instantáneo, un sueño, un sustituto de otras realidades que estaban lejanas.
¡Una pequeña foto de un lince!¡Era en realidad tan grande!¡Era tan, tan profunda!

miércoles, 21 de agosto de 2019

Propuesta de creación de una "Asociación pro comunicación", osea, Guasap, no gracias"

Corre el año 2019.Vivimos tiempos de cambios muy rápidos. Aunque en el fondo todo sigue casi igual. Desde hace unos años los móviles, con todas sus variantes, se han metido en nuestras vidas. En realidad los hemos metido nosotros y nosotras. Lo que supone un móvil es mucho: un teléfono ya con agenda, un reloj, cronómetro, despertador, calculadora, brújula con GPS, cámara de fotos y vídeo, grabadora, cuaderno de notas, calendario y acceso a internet, con todo lo que conlleva. Puedes buscar cualquier cosa en segundos, escribir correos, mensajes de texto, o usar otras aplicaciones como "guasap", "telegram" y demás. Puedes tener vídeo-conferencias o interaccionar en las llamadas redes sociales. 
Socialmente es "lo que nos faltaba para el duro". Leí hace unos años que era la ruptura de todas las fronteras, la posibilidad de no estar nunca más solo...¡impresionante! Curiosamente lo que nos puede acercar, nos aleja, nos aísla, nos enroca, nos encapsula, nos aprisiona, nos ata, nos amordaza, nos esclaviza...
Así, el llamado "guasap" o "guasa" se ha convertido en poco menos que el verdadero yo, en nuestro "alter ego". Te dicen que si no lo tienes, no estás, no existes, eres un troglodita, un neandertal, no estás al día, en la onda y otras cosas por el estilo.
Se da la circunstancia de que se ha extendido también su uso en los trabajos, contraviniendo claramente las normas incluso institucionales en muchos casos. Imaginemos que una citación médica o una multa se nos comunicara por este medio.
Esas personas que parecen no poder vivir sin el invento en cuestión, "el guasa" no dan señales de ser conscientes de lo que dicen. Puede que estén recriminando a una persona suficientemente hábil en las llamadas tecnologías de la información y la comunicación y que se pongan en evidencia con su escaso o nulo dominio. Tampoco se dan cuenta muchas personas de que hay otras alternativas como el correo electrónico, también gratuito, el mensaje de texto, otras aplicaciones como "Telegram", el teléfono, la carta y, por supuesto, el contacto humano. No hablaremos ya de "tuiter", "fliquer" o los diferentes tipos de "blogs", por citar algunos. Es como si todos tuviéramos que vivir en la misma super-carretera para poder llegar rápido, parar, soltar el ...¿mensaje? y salir corriendo otra vez.

Un poco en broma digo que hay muchas personas que ya son irrecuperables y que, otras muchas, todavía están a tiempo de salir de esos tentáculos pegajosos y que tanto nos quitan. Por ejemplo, intimidad, privacidad, sentido de la individualidad. Pero además está la banalización de la comunicación, de las propias relaciones humanas, del contacto entre personas. Está el tema lingüístico -sí, soy maestro de escuela, me gustan y me preocupan estas cuestiones-, me importa el lenguaje, el idioma, las formas...
Está el derecho de cada cual a estar sólo dónde y cuándo quiere estar. ¿No es un derecho fundamental? Está el derecho a ser tenido por una persona, por un vecino, por un habitante, por un conocido, por un amigo o un familiar o un trabajador o un cliente o usuario sin tener que estar o tener "guasa", "feisbú" o lo que sea. 
Todavía estamos a tiempo. Y ya no lo digo en broma. Me parece que cada día nos cuesta más trabajo mantener una conversación, que, como se sabe, conlleva ineludiblemente, el acto, precioso, de escuchar, por ejemplo. 

lunes, 17 de junio de 2019

La próxima vez, imagínate que tengo seis patas...

Una mujer está viendo las fotos que ha hecho su marido en la comunión de una sobrina. El fotógrafo en cuestión es muy aficionado a la Fotografía de Naturaleza, en general y, últimamente, a los insectos, en particular. 
-¡No estoy en ninguna foto!
-¿Cómo?
-¡Nada! ¡No me has sacado en ninguna!
-¡Pero si te lo dije varias veces y te ibas o te quitabas!
-¡La próxima, imagínate que tengo seis patas!
-¡La próxima tienes que pensar que no soy insectívoro!

jueves, 14 de marzo de 2019

Sobre el Día de la Mujer, desde la crítica.

El Día de la Mujer Trabajadora se venía celebrando el 8 de marzo de cada año. En algún momento reciente, se cambió por el Día Internacional de la Mujer. Ahora, en 2019, si no estoy mal informado, se trata de la Semana de la Mujer, que culmina con la mencionada jornada en defensa de la Igualdad entre hombres y mujeres.
Me llamó poderosamente la atención que el año pasado para esta fecha tan señalada se convocara una huelga general, creo que por el partido político Podemos, cuyo secretario general es un hombre, por cierto, y cuyas tres principales figuras fundadoras fueron, igualmente tres hombres. Me llamó la atención porque no le encuentro sentido pero, sobre todo, porque se decía que era una huelga para las mujeres...es decir, una semi huelga general, una hemi-huelga general o una femi-huelga. 
Hoy, ocho de marzo de 2019, viernes, desde este remoto, humilde y solitario ventanillo por el que me asomo al mundo, me arriesgo a esbozar unas críticas sobre lo que estoy viviendo y viviendo en torno a este día de la Mujer. 
Así, lo primero que tengo que decir es que me parece que se está produciendo una utilización partidista, sindicalista y hasta economicista del Día de la Mujer. Por supuesto, el feminismo está haciendo lo propio, sin que sepamos las razones para ello. Me explico. Las consignas, las frases, las declaraciones, los manifiestos, las ruedas de prensa, los comunicados...transmiten una idea de lo más impropio...Inacabado...